MORATORIA DE LOS PROYECTOS DE MEGA DESARROLLO, DE MEGA MINERÍA. firmar ahora

2 de julio de 2012.- A continuación una larga declaración de Esteban Emilio
Mosonyi, Doctor en Ciencias Sociales y profesor de Antropología y
Lingüística; autor de obras alusivas a temas indígenas, cultura popular,
afrodescendientes y en general, comunidades oprimidas, a propósito de la
situación de los indígenas yukpas en la Sierra de Perijá y temas como la
minería y la Cumbre Río +20.


"En mi experiencia de muchos años con los kuiva y los yaruro o pumé en
Apure vi situaciones muy similares de exterminio, con la voluntad clara y
expresa de eliminar poblaciones enteras a fin de ocupar las tierras con
otros usos y ponerlas en manos de otro tipo de propietarios.

Al enterarme de esta noticia pensé en antecedentes como el de Apure y, a lo
largo y ancho del continente por ejemplo, en el extremo sur donde viven los
indígenas fueguinos que fueron casi exterminados; los de Patagonia, los del
oeste de Estados Unidos. También en Brasil todavía sigue habiendo estos
casos. Nunca estamos a salvo.

PODRÍAMOS ENFATIZAR VARIOS TÓPICOS

Primero, aquí hay gentes muy progresistas, muy revolucionarias pero muy
imbuidas de lo cuantitativo, quienes piensan que por ser los indígenas una
minoría de pocos miles de personas, al lado de la lucha de pueblos como el
chino, el vietnamita, no le dan importancia a la población indígena porque
son pocos individuos.

Segundo, arrastramos un tremendo racismo. Fatalmente siempre surge la idea
de que en lo cultural ellos son minusválidos, que prácticamente no han
aportado nada, que con su pérdida no ocurriría ninguna alteración
significativa en un proyecto político de cualquier naturaleza.

Y esto lleva a cohonestar y a ver con cierta indiferencia y sin ninguna
claridad estos procesos sin importar la diversidad cultural, que es
absolutamente necesaria para nosotros sobrevivir como especie. Si
humanamente no somos diversos, si no somos centenares y miles de sociedades
diferenciadas a lo largo y ancho del mundo, sencillamente el ambiente no
sobrevive y nosotros como especie tampoco; está demostrado que es
importante que no seamos una especie homogénea. Todo esto puede conducir al
fracaso de cualquier proyecto político y enseguida arrastrar al fracaso a
toda la humanidad.

Tercero, está la imbricación indígena-ambiente. La forma como el indígena
ha preservado el ambiente por milenios es también el efecto-demostración de
que las experiencias indígenas pueden servir como modelo al proyecto
revolucionario socialista para no repetir errores del pasado y enfrentar
dilemas tales como el incumplimiento de Kioto, los fracasos de las
conferencias ambientalistas, la pérdida de agua potable, el exterminio de
especies, el cambio climático; tantos temas en los que puede haber un
diálogo con las sociedades indígenas, de las cuales afortunadamente
subsisten muchísimas y la yukpa y la barí sólo son dos de ellas.

Todas esas sociedades nos ofrecen experiencias y ejemplos valiosísimos que
podrían salvarnos como especie y darnos una orientación hacia un socialismo
y una revolución totalmente distinta, inédita; de mucha experiencia en el
pasado. En efecto, muchos proyectos socialistas han fracasado y algunas son
inaplicables aquí, por lo cual recurrir a lo indígena y a lo
afrodescendiente, nuestras propias raíces, es una ineludible necesidad.

Me electriza las declaraciones de una persona totalmente anti indígena, que
no es enemigo mío pero somos adversarios a través de la polémica en la
prensa, etc. Se trata del escritor Luis Britto García, quien ha declarado
varias veces que él prefiere entrar en tratos con una transnacional antes
que sentarse a conversar con una etnia. En su escala de valores él prefiere
el ultracapitalismo antes que a un pueblo indígena porque los ve como
separatistas, ajenos al modelo cultural occidental que él comparte. Es
partidario acérrimo del mestizaje hispano, o sea que somos descendientes de
españoles con mezcla de indígenas y africanos y que eso es irreversible,
que el único componente vigente en nuestro desenvolvimiento socio-histórico
es el componente occidental y, más específicamente, el hispano.

Un cuarto punto importante es que lamentablemente el hecho de aprobar en la
Constitución una veintena de artículos muy bonitos y después sacar un
manojo de leyes de idiomas, patrimonio cultural, de tierras, de salud,
etc., no significa que se haya resuelto el problema.

Incluso está el caso de algunos diputados indígenas y de la ministra de
Asuntos Indígenas, a quienes yo estimo como personas y además los conozco
hace tiempo, pero caen en el error fatal de considerar que por tener
aprobadas unas cuantas leyes, una normativa que da ejemplo al continente y
al mundo, es suficiente.

Pero con la sola normativa no hacemos nada. Si esa normativa se engaveta,
no se aplica o incluso, en instancias intermedias y en instancias
inferiores de la Administración Pública se hace abiertamente lo contrario
de lo que mandan esos instrumentos legales y la misma Constitución
Bolivariana, no pasa nada.

En resumen, parece privar la indiferencia porque se trata de poblaciones
pequeñas, el racismo, la creencia de que estos pueblos no tienen
importancia. También juega en contra de los pueblos indígenas el quietismo,
la simple anuencia, bajo la circunstancia de que ya tenemos numerosos
instrumentos jurídicos y que con eso basta y sobra.

Quinto, por otra parte está la dificultad de entrar en un ambiente
multicultural, la tarea de ser verdaderamente interlocutores con otras
culturas, dialogar con un yukpa de tú a tú, admitiendo sus costumbres, su
idioma, su aspecto físico, sus características tanto individuales como
colectivas. En verdad eso cuesta muchísimo.

Lo lamentable es que en esta tónica hemos pasado doce, trece años de
proceso revolucionario y esto no se ha corregido o no se ha abordado porque
cada vez que se inicia algo siempre surgen factores de alta prioridad.

¿Y cuáles son esos factores de alta prioridad en este momento? Uno es el
que se ha resumido en varias publicaciones como el "socialismo marrón".
Ahora lo que está en el tapete es el socialismo marrón: explotar los
recursos naturales, el petróleo, lo energético, los minerales, etc., y eso
choca con la dotación, delimitación y demarcación de tierras indígenas
porque en el momento de demarcar de forma sustantiva una tierra indígena y
decirle al indígena “habita ahí, continúa con tu cultura, cuida el
ambiente”, se nos tuerce el camino.

¿Qué pasará con los convenios con diversas empresas y países? ¿Cómo se
sacará el oro, inclusive el uranio, el coltán? ¿Qué hacemos con los
minerales? Los monocultivos por ejemplo. ¿Vamos a cultivar soya o maíz, tan
necesarios para ciertas transacciones internacionales en cuanto a energías
alternativas?

Todavía no ha ocurrido pero hay el peligro porque estoy viendo, a raíz del
fracaso de la segunda Conferencia de Río+20, que el socialismo "marrón"
terminará uniéndose con el capitalismo "marrón", incluso con el capitalismo
que se autodenomina "verde": la tierra será otra mercancía más. A pesar de
la amenaza de destrucción ambiental que puede acortar la vida y poner en
peligro de muerte al planeta, ha habido un acercamiento involuntario a
través de intereses compartidos de formas de socialismo con formas de
capitalismo que se centran en la explotación de los recursos naturales,
especialmente los minerales pero también los monocultivos y donde el
indígena es un gran cero a la izquierda o peor que un cero, un estorbo, un
obstáculo, igual que los animales, igual que la naturaleza.

Y entonces esa hermosa idea inicialmente de Evo, de Chávez, de los derechos
de la Madre Tierra, de la Naturaleza, de salvar al planeta, se hace
incompatible con intereses mucho más inmediatos pero que en este momento
producen réditos económicos demasiado grandes y la tentación es muy fuerte
para que eso no ocurra.

Recientemente terminé un pequeño trabajo para el IVIC y ahí recomiendo lo
que debemos hacer. La gente progresista, nosotros mayoritariamente, quienes
no estamos adscritos a los grandes círculos de poder pero que estamos aquí
luchando por una transformación del país y del mundo, por un proceso
transformador, ¿qué podemos hacer?

Podemos exigir la moratoria de los megaproyectos mineros que están, no sólo
matando a los indígenas -no sólo es matar a Alexander o matar a la familia
de Sabino Romero, no es solamente exterminar a los pumé o a los yukpa, barí
o wayúu- sino que nos estamos clavando la estocada a nosotros mismos porque
está calculado que dentro de veinte o treinta años nos hará falta esa
Amazonía, esa Gran Sabana, ese aire, el agua potable, los alimentos, etc.
en fin, todos los bienes que nos ofrece la Madre Naturaleza especialmente
en su región selvática a punto de colapsar. Ya nos están haciendo falta
pero no nos damos cuenta.

Sin embargo, dentro de una sola generación probablemente ya será tarde y
nos habremos matado entre todos. Entonces es vano hablar de revolución, de
transformación, si al mismo tiempo observamos que no interesan la
naturaleza, el ambiente ni los guardianes primordiales que han hecho
posible ese ambiente, los que han creado ese ambiente. Porque incluso la
selva es creación indígena: ya se sabe que sin la presencia indígena, sin
el indígena que cultiva, que disemina, que habita esos territorios,
realmente la selva todavía sería una sabana.

Así, los productores y los guardianes de ese ambiente no son tomados en
cuenta, son vistos como un estorbo, son execrados, tomados por extranjeros
en su propia tierra, como posibles aliados de potencias extranjeras, como
seres manipulables y mentalmente minusválidos.

Espero que los indígenas no sean exterminados, pero lamentablemente sí hay
procesos etno-genocidas obvios, así como también hay procesos ecocidas
igualmente evidentes.

Y la sociedad occidental es la más inexperta del mundo porque es la menos
antigua de todas. ¿Cuánto tiempo tenemos con la Revolución Industrial, Post
industrial, lo Moderno, lo Post moderno? Apenas dos o tres siglos. Somos
como niños gateando. Y esos niños que ni siquiera tienen la mente de un
adolescente están tomando decisiones, aunque sean socialistas con toda la
mejor voluntad del mundo, pero ahora socialistas y capitalistas nos estamos
matando juntos, estamos en el mismo barco y no nos damos cuenta. Manejamos
un pensamiento único y todo el que lo critique de alguna manera es un
enemigo del propio progreso. Nos ven como gente que no somos parte de estos
tiempos, somos despreciados. Espero que no seamos perseguidos pero ya los
indígenas están sufriendo las persecuciones.

Mi recomendación es que debemos empoderarnos todos, los revolucionarios,
los progresistas que no estemos en cargos públicos, DEBEMOS AGRUPARNOS,
ORGANIZARNOS Y PEDIR UNA MORATORIA DE LOS PROYECTOS DE MEGA DESARROLLO, DE
MEGA MINERÍA.

No se trata de prohibir la minería o de no extraer más petróleo porque esos
bienes siempre permanecerán bajo tierra, pero sí se trata de hacer los
estudios de impacto, reunirse con los indígenas, utilizar los conocimientos
de los mejores profesionales y fundamentalmente, confiarnos de la
experiencia histórica milenaria de los indígenas, que son quienes mejor
pueden orientarnos.

Pero si no cambiamos de actitud hacia esas poblaciones, si no las tomamos
en cuenta y no hacemos de la mejor forma posible la demarcación, si no
delimitamos tierras no habrá comunidades; y si no demarcamos tierras
tampoco habrá naturaleza.

Creo que nuestro proceso debe dar un giro de ciento ochenta grados. Debe
formularse en términos científicos, en términos jurídicos, en términos
humanísticos esa MORATORIA. Y tenemos que obligar a las autoridades
competentes -o hacer que sean competentes- que nos presten atención y
dialoguen con nosotros pero sobre todo con los pueblos indígenas. ¿Para qué
tenemos la Constitución pluricultural, multilingüe, si esos pueblos no
cuentan para absolutamente nada y son vistos como enemigos del proceso?
Entonces, ¿para qué hicimos esa Constitución?

¿Qué es lo que ha pasado? Se ha demarcado en Perijá, pero los yukpa siguen
tercerizados y los hacendados permanecen ahí. Mientras no se les pague no
saldrán y se corre el peligro de la confrontación y del sicariato. Como el
indígena lleva la peor parte, es más fácil que maten a todos los indígenas
a que haya una guerra en la que salgan triunfantes los pobladores
autóctonos.

Estamos demasiado expuestos a la posibilidad de que a través de los
sicarios exterminen no sólo a dos o tres familias selectivamente sino a
comunidades enteras, como ha sucedido en Apure y tantas otras partes.

Mientras los indígenas estén tercerizados, mientras la demarcación sea
chimba, mientras no se ausculte a todos los caciques y no sólo a dos o tres
caciques mayores nombrados por la ministra y armonizados con cierto tipo de
políticas, hay peligro de confrontación armada.

Si queremos evitar que haya una masacre de yukpa es ineludible escoger el
mal menor: que es pagarles a esos hacendados para que desocupen, que salgan
y dejen ese espacio libre para los yukpa. Todo parece indicar que si se les
pagara, ellos saldrían y en ese caso la mitad del problema del sicariato
estaría resuelto.

Pero como la intención es pagarles dentro de diez años, ¡nadie espera tanto
tiempo! Y menos ese tipo de gente - hacendados que a menudo son
delincuentes o semidelincuentes- que les hacen la vida imposible a los
indígenas desde hace más de cien años...

Creo que debemos buscar opiniones experimentadas como la de Lusbi Portillo,
una persona con mucha experiencia, la de los caciques yukpa aunque no
solamente los caciques mayores sino también hay que oír a los caciques que
no están de acuerdo con esta política; escuchar a Homo et Natura, que
también lleva muchísimos años en la región. Oír todas las opiniones
razonadas y ver cuál es la forma más rápida y saludable de salir de esos
hacendados y parceleros para asegurar, por lo menos, la supervivencia
física de los yukpa. Luego vendría la recuperación de los demás derechos.

Hay que demarcar en serio y no desde "arriba", desde las oficinas con aire
acondicionado e inventar una figura de demarcación, frente a la actual que
la práctica no sólo no ha funcionado, sino que agrava las cosas.

Hasta ahora el integrante del Gobierno que ha mostrado mayor receptividad
es el vicepresidente Elías Jaua. Pero también sucede que él está demasiado
ocupado, recibe órdenes, está sometido a otras instancias, etc. Aún así
Jaua sigue siendo una figura clave.

Pero, repito, el empoderamiento tiene que ser nuestro. Nosotros somos los
que tenemos que empoderarnos para actuar sobre cualquier instancia o
elemento que configure este proceso que vivimos. Un proceso sin
participación colectiva, sin liderazgo colectivo, la historia demuestra que
nunca ha conducido a ninguna parte, se ha empantanado en el mejor de los
casos o ha fracasado en el peor.

Estamos en un momento difícil también porque la experiencia demuestra que
cuando hay elecciones presidenciales, cuando hay otro tópico que ocupa
absolutamente toda la atención pública de todos los sectores politizados;
cuando tenemos algo así por más que convoquemos a reuniones, presentemos un
documento, un manifiesto, la moratoria o cualquier otra cosa que
inventemos, de aquí al 7 de octubre, veo difícil que lo anterior prospere.

Por otro lado nos urge la situación indígena, específicamente la de los
yukpa, tenemos que organizarnos y exigir -muy a pesar de su coincidencia
con un hecho político de enorme trascendencia- su inclusión dentro de la
agenda política nacional.

Una sugerencia. De nada vale pensar en la continuidad del proceso solamente
en cuestiones de poder, de reforzar el Ejecutivo y de formar un frente
común, si de alguna manera no completamos esto y no le damos vida y
sustancia a través de una serie de actividades mínimas cuya urgencia no se
puede discutir, como es darle salida a algunos puntos de la cuestión
indígena.

De nada vale ser actores de un proceso revolucionario si esto no nos
permite buscar un camino hacia la solución de, por lo menos, aquellas
cuestiones extremadamente urgentes y cuya omisión podría tener, y tiene,
consecuencias fatales para la vida humana, el ambiente y la naturaleza".

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